Reseña de «La noche de Tromsø»

por Javier Vidiella
Una novela bizarra de vampiros vikingos

Confieso que hace tiempo que huyo como de la peste de las autopublicaciones en Amazon. El que todo hijo de vecino tenga a un sólo clic la posibilidad de ver su gran novela americana (o europea, o asiática, o universal…) publicada en letras de molde ha dejado sueltas por el mundo verdaderas abominaciones que no es solo que no tengan interés alguno, es que muchas de ellas están pergeñadas por individuos que no pasan del nivel de primero de EGB en redacción y puntuación (EGB, sí, soy así de viejo). Y créanme cuando se lo digo. Lo sé por experiencia propia. Ha caído en mis manos cada pastiche holmesiano que… en fin, mejor no dar nombres que está muy feo señalar. Son las cosas de la globalización, digo yo.

 

Ahora, claro, es cuando me preguntan que qué narices hago entonces reseñando una autopublicación de Amazon. Pues resulta que esta venía recomendada por Juanma Santiago, que es nuestro Stephen King patrio en esto de las recomendaciones: está en todas partes. Tampoco era una recomendación entusiasta, no nos engañemos, pero yo siempre me he fiado de Juanma, así que decidí darle un voto de confianza a La noche de Tromsø que, miel sobre hojuelas, tiene además un precio muy asequible. Que haya acertado o no todavía no lo tengo muy claro.

 

La noche de Tromsø es una novela corta con un subtítulo que no llama a engaño (o sí): «Una novela bizarra de vampiros vikingos». La segunda parte la cumple con creces. Hay, es cierto, unos vampiros vikingos bastante limitaditos, del jaez de los protagonistas de Lo que hacemos en las sombras, para entendernos, mezclados con vikingos no vampiros pero tontos muy tontos, curas alcohólicos, monjas berserker, doncellas que hace tiempo que no lo son y el Igor de El Jovencito Frankenstein con otro nombre y un equipamiento sexual que explica lo de las doncellas. Todos ellos parte de una comedia de las equivocaciones situada en la Europa del siglo XIII durante la noche de dos meses del invierno boreal.

Con buen estilo, Marcelo Rosende sabe mezclar adecuadamente los ingredientes de esta astracanada y consigue hacernos sonreír en más de una ocasión, y hasta soltar alguna que otra carcajada. La trama, sin embargo, no da para mucho. La novela se lee en un suspiro y sabe a poco, da menos de lo que promete y tiene un final apresurado. Y el bizarro, al menos tal y como Carlton Mellick III y un servidor lo entendemos, brilla por su ausencia.

 

Pero como entretenimiento para una tarde de lluvia es una alternativa muy válida a cualquier serie de Netflix y, por supuesto, queda muy por encima del nivel medio de los libros made in Amazon. En estos tiempos que corren, poco más se puede pedir.