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No oyó los pasos en el porche, ni que llamaran a la puerta, ni los timbrazos estridentes del viejo timbre de latón.
No oyó los pasos en el porche, ni que llamaran a la puerta, ni los timbrazos estridentes del viejo timbre de latón. La tarde transcurrió en un silencio sepulcral. Pero, cuando cayó la noche, supo que fuera había un paquete grande y cuadrado envuelto en papel de embalaje con su dirección escrita en una caligrafía que conocía de sobra. Contenía un retrato.
Ficha técnica
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